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21/02/2008


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Resistencia heroica y necesaria


Una pequeña editorial es, según la Federación de Gremios de Editores de España, la que factura menos de 2,4 millones de euros al año; definición que no sirve para caracterizar a un sector empresarial en el que, cuanto más pequeña es una editorial, mayores son sus problemas.

El primero de ellos es la distribución: si llegar a buena parte de los puntos de venta es complicado, ser visibles es casi milagroso, especialmente cuando el mercado está dominado por los grandes grupos que ofrecen descuentos imposibles de igualar por parte del pequeño editor. El segundo, la saturación cuantitativa, que no cualitativa, del mercado. Esta situación conlleva una disminución de las tiradas medias, con lo cual, si en una editorial pequeña las tiradas ya eran cortas, habrá que reducirlas más si se quiere competir a este ritmo vertiginoso; ello implica una presión al alza de los costes de producción.

Otra de las dificultades con las que se ha de lidiar es la de las regalías: ningún editor independiente puede adelantar sumas que, probablemente, no recuperará en muchos años. Además, ¿qué autor medianamente conocido va a editar con un grupo pequeño si lo puede hacer con uno grande?

Y, por último, está el problema de la mercadotecnia: a la hora de elegir, el público se suele decantar por la presencia de un producto en la prensa cultural. Los intereses editoriales condicionan la crítica de los medios de comunicación, que respaldan siempre los lanzamientos de los grandes grupos quienes, a su vez, pueden ejercer el control de las páginas de “crítica literaria” por pertenecer a la misma sociedad que la editorial; y eso sin contar las campañas de promoción que, bajo el disfraz de premios, acaparan la poca repercusión mediática que tiene cualquier evento relacionado con el mundo de las letras.

No obstante, sobreviven en nuestro país 627 pequeñas editoriales (agremiadas). Su política de resistencia es tan heroica como necesaria: son la única garantía de calidad e independencia en un mundo editorial que se ha convertido en auxiliar de los medios de comunicación, publicando libros relacionados con películas o personajes de televisión y cuya oferta está subyugada a la necesidad de darle al público lo que quiere; ese mismo público que valora culturalmente un libro por la cantidad de ejemplares que vende y no por su calidad literaria…Todo ello, es más que preocupante.

Inma Arlandis
Aula de Edición

 

"...la razón sólo concede respeto a lo que es capaz de resistir un examen público y libre!"

(I. Kant, Crítica de la razón pura)

 

 
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