Promover y liderar «los sésamath» El editor de fondos académicos se verá a lo largo del próximo curso ante unos nuevos planes de estudio y ante una nueva organización de los grados propios de la enseñanza superior. Se supone que el editor que pretenda tener presencia en el ámbito universitario ha de ser conocedor de las peculiaridades asociadas a la gestación de esta nueva organización de los estudios y títulos universitarios; deberá, sin duda, delimitar tanto las zonas de sombra, como los espacios docentes en los que cabe conjeturar perturbaciones sin cuento en un futuro inmediato. En definitiva, espacios en los que el acierto y éxito editorial parecen especialmente negados, pues pienso que la organización dada a las enseñanzas pone en cuestión los mismos principios, procesos y prácticas docentes que la organización del EEES pretende favorecer.
Siendo esta la situación y considerando que el Aula de Edición está asociada a PUV, atenderé preferentemente en mis colaboraciones las posibles implicaciones editoriales del proceso académico abierto; actividad, sin duda, propia de una editorial universitaria y asociada a su razón social de ser. Desde este mismo momento en el que defino el marco de mi trabajo más próximo, un principio ha de ser presentado por su valor regulador de la actividad editorial futura e inmediata: El libro académico no sólo experimentará profundas modificaciones en razón de esta nueva organización de los estudios universitarios; a la vez, estas modificaciones y programas editoriales deben ser pensados de acuerdo con la existencia de las TIC y, por tanto, asumiendo las posibilidades de participación que abren. La conversión analógica-digital ha provocado la eclosión de estructuras muy diversas como las de la organización empresarial, las del territorio, las de la propiedad intelectual, las de la comercialización, las de la autoría, las del cine, las de la edición académica, las de la edición escolar, las de los diarios, etc.…; casi todo ha sufrido o está en trance de sufrir una profunda modificación. Todo con excepción de las políticas ministeriales asociadas al libro y a las TIC(E). Para los «custodios» del libro y de la «promoción» de las TIC todo parece seguir igual; parecen haber abandonado el tiempo presente. Así pues, el editor académico no se enfrenta en el momento presente a los problemas propios de hace veinte años; no le bastará con seleccionar autores, delimitar la estructura de los textos y transferir encargos. La presencia de las TIC, escogiendo un símbolo, les obligará a favorecer y liderar «los sésamath» que la difusión del conocimiento requiera; tanto más, cuanto más nos distanciamos de nuestra cotidianeidad para ganar un futuro que construiremos o nos vendrá dado. Está claro que los editores universitarios o de titularidad privada están invitados a desarrollar este mismo programa en este «espacio», están invitados a colaborar. Creo, no obstante, que se corre un riesgo muy grande al pretender hacer este camino en soledad: la colaboración será necesaria. Al hacer públicas estas reflexiones también pretendo salir al paso de una situación: la presente reforma de las titulaciones, de los planes de estudio, de la formación permanente ha sido gestada dentro de la Universidad y los universitarios no hemos hecho partícipe a la sociedad de esta reforma; ha de reconocerse que la serie Informes y Dossiers de la colección «Educació», editada por PUV, es una excepción en el panorama editorial universitario. El hecho de silenciar un proceso tan sustantivo para la sociedad es un error que, sin duda alguna, tendrá un coste especial para la vida académica universitaria, pues la sociedad no entenderá las demandas de la universidad y, además, será fácilmente confundida por la propaganda asociada al ministerio de turno. Guillermo Quintás Alonso Universitat de València
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