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30/03/2012


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Algo que debía suceder: CEDRO demanda a la Universidad Carlos III


El diario El País ha facilitado (23 de marzo de 2012) una noticia y un reportaje firmado por Antonio Fraguas quien da cuenta del «nuevo frente» que se abre con la demanda presentada por CEDRO contra la Universidad Carlos III. La razón de la demanda es clara: se distribuyen en los campus virtuales entre sus alumnos copias de obras, sujetas a copyright, y esa distribución se hace sin permiso de sus autores ni de los editores de esos trabajos. La demanda se interpone al no existir negociación a pesar de los reiterados intentos desplegados por la dirección de CEDRO.

La noticia no nos sorprende. Denunciaba en Pasajes 36 un hecho: «La negligencia de las instituciones docentes es tan inexcusable como lo es la política seguida por alguna de las sociedades de gestión de derechos, v.gr. SGAE. La universidad ha facilitado el mejor y más contradictorio de los ejemplos: por una parte, sus profesores alimentaban los catálogos más prestigiados de las editoriales españolas y, por otra parte, sus gerentes y gestores alquilaban los primeros servicios de fotocopia, verdaderos territorios sin escrúpulos ni normas. En nuestros días, esa dialéctica vive en las aulas virtuales».

Dicho esto, comprenderán mis lectores que las declaraciones recogidas en el trabajo de A. Fraguas no dejen de llamarme la atención. Así, se afirman cosas como ésta: «Las universidades cuentan con 100.000 autores (…) que no perciben dinero por sus publicaciones académicas, mientras que CEDRO sólo tiene 18.000 autores». Aunque no se ejerza de jurista, se sabe que el derecho nunca ha estado en proporción al número de personas que son sujetos del derecho. Un solo autor, cuyo derecho, reconocido por ley, sea triturado, debería de ser protegido.

Parece ser que la CRUE ha pedido a CEDRO el listado de los autores a los que representa y que «las universidades han decidido no desembolsar nada en tanto no obtengan respuesta». ¿Para que se respete mi derecho como autor ha de hacerse saber a la CRUE que soy autor y que CEDRO me abona una cantidad? Los rectores podrían pedir directamente a las editoriales de las distintas universidades las cantidades que vienen recibiendo de CEDRO, pues son editores y desde CEDRO se protege al editor.

Me alegra saber del espíritu negociador de CEDRO que claramente pone de relieve A. Fraguas en su artículo. Es más, me alegra saber que CEDRO, intentando aportar soluciones acordes con la tecnología digital, pretenda que se homologue el proceder de nuestras universidades con las universidades de prestigio radicadas en Europa y en los EE.UU. Lo que me sigue produciendo un gran pesar es que, como defendí en Pasajes 36 «la misma estructura docente que carece de sensibilidad para el copyright, se muestra siempre presta a pelear e invertir a favor de administrar patentes registradas por sus profesores. Así la universidad se muestra cicatera, cuando no hostil, en cuanto significa proteger el trabajo del creador literario, del ensayista, del dramaturgo, del pensador o del músico, quienes (…) dotan de cohesión, vitalidad y universales prácticos al grupo social al que se dirigen y pretenden servir».

A los equipos de gobierno de las universidades sería preciso recordarles algo muy simple. El autor, lo sea de un poema, de un ensayo, de una narración o de un artículo sobre una proteína, cuida mucho la selección de la editorial, de la colección o de la revista en la que desea ver presentado su trabajo. Ese cuidado y esa selección se atienen a factores múltiples: formato, capacidad de penetración, historia de la colección, compañeros de catálogo, fines que regulan la actividad del editor, criterios de selección de las publicaciones, etc. Los profesores tienen muy asumido que todas las editoriales o revistas no merecen la misma consideración, como todos los textos no poseen la misma garantía. Por ello, aprecian la alta función social del editor que, por ejemplo, introdujo e introduce en nuestro país significativos debates que la misma universidad ignora o silencia. La Universidad del franquismo fracasó en sus propósitos porque se enfrentó a editores que trasladaron todos los debates a nuestras aulas; los debates que eran ignorados por los programas, se imponían bajo la directriz de uno u otro editor.

Dura y larga es la guerra que debe librarse en España para poner a salvo algo que es la misma razón de ser de la universidad: la protección de la reflexión, de la investigación y la creación. Una protección que ha de estar ajustada a ley, no al gusto de uno u otro equipo rectoral. Una ley que debe favorecer el desarrollo de esa reflexión, investigación y creación. No obstante, algo grave pasa cuando La Ley de la Ciencia (art.28, 2-e) reconoce al personal técnico e investigador «el derecho a la consideración y respeto de su actividad». Ese derecho se viola cuando no se «considera» y no se «respeta» cada uno de esos registros en los que se da a conocer la actividad intelectual bajo el símbolo ©. La ley tendría otro alcance y función si, en verdad, se prestara en la Universidad la consideración y respeto que la ley otorga a los autores. La Universidad, por ejemplo, de Wageningen es una excelente universidad porque pertenece a un país que, desde la publicación de El Discurso del método, ha asociado, por ejemplo, al nombre de Elsevier publicaciones de calidad. Pero a la vez se da esa continuidad en ese país porque tiene universidades como la de Wageningen.

Guillermo Quintás
Aula de Edición
 

"...la razón sólo concede respeto a lo que es capaz de resistir un examen público y libre!"

(I. Kant, Crítica de la razón pura)

 

 
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